
Según un estudio realizado recientemente por el Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CiberObn)[1], “el consumo de yogur y queso mejora nuestra salud y las personas que más los toman son aquellas que llevan un estilo de vida saludable”[2].
Según Nancy Babio[3], estos alimentos lácteos “aportan un elevado contenido en calcio que es muy difícil de alcanzar mediante el consumo de otros alimentos no lácteos como determinadas verduras y frutos secos y que, además, contienen lactosa que facilita la absorción del calcio en el intestino”. El yogur y el queso son productos fermentados, por lo que contienen bacterias probióticas, a las que se asocian múltiples beneficios, “ya que no solo reducen el número de bacterias patógenas de nuestro organismo, sino que interaccionan con nuestro metabolismo, aportando diferentes beneficios, como podría ser la disminución de los triglicéridos en sangre”.
Y la misma Nancy Babio afirma que “el consumo de yogur se asocia a una menor prevalencia de adiposidad central y total y de hipertrigliceridemia y con un colesterol HDL bajo (el “bueno”); mientras que el queso se asocia con niveles inferiores de triglicéridos y de concentraciones de colesterol HDL superiores»