Aquel viejo refrán de que “el buen paño en el arca se vende[1], no va acorde a nuestros tiempos, por lo que es preciso la realización de actividades complementarias que permita dar a conocer y vender adecuadamente el producto, con las nuevas técnicas de formación, normalización, difusión y marketing de nuestros días[2]. Ya hemos podido leer a los hermanos Alvarado que afirmaban que los productores de queso de Tresviso (y Bejes, ¡Claro!) podían crear una Cooperativa, con una buena cueva y un “buen agente vendedor del queso”, para que el beneficio quedara en manos de los pastores o ganaderos, evitando intermediarios.

Cuando la producción es limitada, puede funcionar el “boca a boca”, el ganarse una fama de producto de calidad y puede llegarse a vender una parte importante de la producción en la propia comarca, máxime si la hostelería opta por productos de “km 0” y actúa de tractor.

[1] En nuestros días ya no tiene sentido aquella descripción que hacía Felipe Arche en “El ganado vacuno de la Montaña”, cuando “los productos de la ganadería, quesos y manteca, se vendían generalmente los domingos en un mercadillo que se celebraba en la plaza del pueblo, aprovechando el tener que oír la Santa Misa, dando salida a lo elaborado durante la semana. A este mercado acudían como compradores pasiegos dedicados al comercio en su mayoría, quienes adquirían el queso y la manteca y los transportaban en caballerías o en sus propias espaldas, para distribuirlos por los núcleos urbanos más importantes de las provincias de Santander, Vizcaya o Burgos, principalmente”.

Según Manuel Arroyo González y Carlos García del Cerro en Op. Cit., pág. 66, se proponen “acciones” a desarrollar, algunas de las cuales se han conseguido en nuestros días, otras de forma parcial y algunas aún siguen en el mismo estado, como el futuro “Museo del Queso”, en el que tanto Manolo Arroyo como Pedro Casado Cimiano pusieron gran interés y dedicación.